A pesar del caos y el sobresalto diario de un país en recesión, todo cuadraba
cuando Mariano Rajoy llegó al Gobierno.
La estrategia estaba bastante clara. Primero, empezar con reformas
cosméticas, y dejar para después de las elecciones andaluzas el grueso
de los recortes. Andalucía fue siempre la clave de bóveda de Rajoy, la
comunidad que abría el paso al poder total y al hundimiento definitivo
del PSOE. Todo se condicionaba a las andaluzas, en una estrategia muy
evidente diseñada por Rajoy con su principal asesor político, Pedro
Arriola, y Javier Arenas, ambos andaluces.
Las cosas empezaron a torcerse pronto. Las presiones de Europa y los
malos datos del déficit
impidieron retrasar algunas decisiones clave: la subida de impuestos y
la reforma laboral, a la que Arenas tanto temía. Hubo que acelerarlas
para ganar tiempo con Bruselas y Angela Merkel. Eso sí, Rajoy resistió
el embate de Europa y sí dejó los Presupuestos y los
recortes en las autonomías, lo más duro, para después de las andaluzas.
Todo cuadraba. La victoria en Andalucía serviría para legitimar la
política dura y sobre todo lanzaría un mensaje clarísimo a Europa: Rajoy
controla toda España, tiene todo el poder y además el apoyo de la
gente.
Tanto el presidente como Arenas y casi todo el partido estaban
seguros de que ese triunfo estaba hecho. El chasco ha sido monumental.
Los ministros, barones autonómicos y dirigentes clave del PP se
recuperan poco a poco del golpe anímico y empiezan a analizar la
situación. Con diversos matices, casi todos los consultados coinciden en
una cosa: el panorama ha cambiado radicalmente. Gobernar en Andalucía
era clave en la hoja de ruta. Ahora habrá que readaptarla.
La
posibilidad de tener un Gobierno hostil en Andalucía,
gobernado por un pacto con IU que obligará además al PSOE a escorarse a
la izquierda, preocupa mucho en La Moncloa. No solo por la batalla
política y el desgaste constante que eso significa. También por la
imagen de Rajoy en Europa.
El PSOE, necesariamente, trasladará su oposición a Andalucía como
antes el PP hacía oposición a Zapatero desde la Comunidad de Madrid, por
ejemplo. Ya se vio en el último Consejo de Política Fiscal y
Financiera: Andalucía fue la única que votó en contra del recorte de
15.000 millones a las autonomías.
El desgaste puede ser muy fuerte. Si el Gobierno promueve fórmulas
indirectas de copago, o cambios en Educación, o en Dependencia,
Andalucía puede optar por otra vía y mostrar así una alternativa que
deteriore aún más la imagen del Ejecutivo.
Andalucía no es cualquier comunidad. Es la más poblada de España, la
que tiene más parados y una de las más dependientes de la economía
pública. Y es el corazón del PSOE. Los socialistas piensan aprovechar al
máximo esa inesperada derrota que sabe a victoria: “Tenemos la
impresión de que se ha terminado la sensación de excepcionalidad con la
que gobernaba el PP. Parecía que siempre podrían recurrir a las facturas
pendientes del Gobierno de Zapatero. Ahora saben que los ciudadanos
pueden castigarles”, señala un dirigente.
Tanto el Ejecutivo como el PP asumen que los 430.000 votos que los
populares han perdido desde las generales hasta las andaluzas se deben
sobre todo a las medidas del Gobierno. “Una parte del voto de las
pasadas generales era voto prestado para echar al PSOE y sobre todo
anti-Zapatero, y está claro que con los primeros 100 días de Gobierno lo
hemos perdido, probablemente para siempre”, resume un barón autonómico.
Incluso algunos admiten que ha habido errores en la campaña andaluza.
“Tenía que haber sido mucho más local. Lo que no tiene sentido es que
la foto de la campaña sea Arenas rodeado de Cristóbal Montoro, el
ministro de la subida de impuestos, y Fátima Báñez, la de la reforma
laboral”, sentencia otro.
Sin embargo, en el Ejecutivo están convencidos de que el Gobierno
andaluz no va a tener tanto margen como creen los socialistas.
“Andalucía tendrá que recortar como todas las demás y cerrar empresas
públicas y despedir a gente. Pero no solo porque se lo pidamos nosotros o
Bruselas. Es que si no lo hace, va a tener enormes problemas con los
bancos para refinanciar su deuda. Y sin refinanciación no puedes pagar a
nadie, ni hacer política social. Además, en último extremo, nosotros
podremos intervenirla con la nueva ley de estabilidad”, señala un
miembro del Ejecutivo. En el Gobierno están convencidos además de que la
presencia de IU será un problema grave para el PSOE que también le
desgastará.
En cualquier caso, la principal preocupación del Gobierno sigue
estando en el déficit y en los mercados. Rajoy sabe que ahora tiene que
ser incluso más duro que antes del fracaso en Andalucía para ganar
credibilidad en Europa. Varios miembros del Ejecutivo aseguran que los
Presupuestos van a ser brutales, y no son más que el principio. Porque
después llegará la presión a las autonomías y los cambios de leyes
básicas para permitirles que reformen, esto es, reduzcan, los
principales servicios básicos. Y más tarde también habrá
privatizaciones, y destrucción de empleo público. Esto es, tras las
andaluzas, lejos de suavizar, Rajoy apretará el acelerador.
“No hay margen para frenar nada. Si no cumplimos el objetivo, el
riesgo de intervención de España es real, y eso sí que supondría
recortes descomunales. Ahí ya no valen huelgas ni nada, porque ya no
manda el Gobierno, mandan los técnicos de Bruselas y esos no se
presentan a elecciones”, señala un miembro del Ejecutivo.
Otro admite que en Bruselas estaban bastante preocupados por el resultado de las andaluzas, y seguramente ahora lo estarán más.
Allí nunca gustó la táctica de Rajoy de esconder los Presupuestos
hasta las elecciones. Se consideraba una maniobra política desleal.
Ahora, los resultados se interpretan desde la capital de Europa como un
revés a esa estrategia del Gobierno español, muy señalado últimamente
por la Comisión Europea y sus socios por su desafío sobre las metas del
déficit, muy presionado por los mercados ante el negro panorama
económico y del sector financiero y, ahora, con un primer jirón en el
amplísimo apoyo que cosecha el PP en la política nacional, regional y
local española.
Los resultados en Andalucía, una comunidad con una población similar a
la de países como Austria o Suecia, añaden una pizca de incertidumbre a
las noticias que llegan desde España. “La sorpresa en Andalucía es
evidente. Se daba por hecho un Gobierno del PP, que dejaba prácticamente
toda la España regional en manos de Rajoy. El control político en todas
las Administraciones sigue siendo casi absoluto, pero Andalucía deja
claro que el apoyo político interno a recortes de gastos más profundos
simplemente no existe en la actualidad. Y esta misma semana hay huelga
general y Presupuestos”, asegura una fuente diplomática.
“El canciller Schröder tuvo un problema similar en 2002: no podía controlar realmente los
länder.
Hoy las circunstancias son otras, especialmente después de la
experiencia con Berlusconi, que se especializó en dar marcha atrás en
algunos acuerdos: los socios europeos tienen eso muy fresco en la
memoria, y eso no favorece a España”, señala Daniel Gros, director del
think tank CEPS.
Por si todos estos problemas fueran pocos, el Ejecutivo tiene ahora otra inquietud:
la deriva independentista en Cataluña.
El Gobierno quiere contar con CiU como socio preferente, porque le da
más credibilidad y porque con ella, si Andalucía no les hubiera fallado,
tenía el control prácticamente de toda España. Pero ahora el PP catalán
está presionando a Rajoy para que vea que la deriva de la Convergència
de Artur Mas va muy en serio. El choque de trenes, dicen, llegará en
octubre, cuando el presidente catalán dé un ultimátum sobre el llamado
pacto fiscal. Rajoy no tiene el dinero que Mas le pide, y con él la
mayoría de los catalanes.
La hoja de ruta de Rajoy, por tanto, está completamente
descarrillada. Cuenta con una mayoría absoluta sólida para recuperar las
riendas, pero ya nadie niega que el panorama político se le complica
cada vez más
http://politica.elpais.com/politica/2012/03/27/actualidad/1332878193_779918.html
FUENTE: