sábado, 15 de diciembre de 2012

" SI ESTO LLEGARA A OCURRIR , DE QUE LES HABRA SERVIDO A TODOS LOS HIJOPUITAS QUE HAN ROBADO EL DINERO A LOS ESTADOS LLEVANDOSE EL DINERO A LOS PARAISOS FISCALES "

| Imágenes difundidas antes de tiempo

La NASA 'desmonta' el mito del fin del mundo

El mundo no se acaba. Ni hoy, ni el día 21. La NASA lo tiene tan claro, que ha producido un vídeo cuya fecha de difusión prevista era el sábado, tras el supuesto y fallido apocalipsis, explicando por qué no habría ocurrido el desastre.
Lo cierto es que ha terminado por difundirse antes de tiempo, en medio de un cierto clima de credulidad. Uno de cada cinco estadounidenses piensa que el sábado se acabará todo. Otros tantos viajan a 'santuarios' para salvarse –o darse unas buenas vacaciones, como poco–.
A lo largo de algo más de cuatro minutos, un narrador de la NASA explica que la supuesta profecía maya en que se basan los apocalípticos parte de un error de interpretación.
El Doctor John Carlson empezó a estudiar el fenómeno del 22 de diciembre hace 35 años. Recuerda que eran grandes astrónomos y desarrollaron una lengua escrita. Lo que más impresionó a Carlson fue su extenso sentido del tiempo.
El tiempo que manejaban los mayas no era muy distinto al que utilizan los astrónomos contemporáneos. De acuerdo con nuestra ciencia, el Big Bang ocurrió hace 13.700 millones de años. Hay ruinas mayas que tienen referencias a tiempos miles de millones antes. El calendario maya está pensado para registrar intervalos así de largos. Es como un cuentakilómetros que, cuando agota todos sus dígitos, empieza por cero otra vez. Esta repetición es clve en el fenómeno 2012.

Ni asteroides, ni planetas errantes, ni llamaradas

Según el astrónomo Don Yeomans, ningún asteroide o cometa tiene su trayectoria apuntando a la Tierra. Tampoco hay planetas vagando por el cosmos que vayan a destruirnos. Si lo hubiera, apunta el astrobiólogo David Morrison, ya lo veríamos como uno de los objetos más brillantes jamás observados en nuestro cielo.
Lika Guhathakurta, experta en estrellas de la NASA, dice que el Sol tampoco es una amenaza. Está ahí incluso desde antes de que existiesen los mayas. Nunca ha destruido el mundo. Es cierto que se acerca a u un máximo de sus ciclos de actividad de once años. Pero no es más que uno de tantos y no el más pronunciado en 50 años.
Así que en la NASA se toman esta fecha como una oportunidad para acercarse a la cultura maya –cuyos descendientes han desmentido el apocalipsis– y disfrutar "porque el mundo no se acabó ayer", aunque sea por adelantado.


FUENTE: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/12/14/ciencia/1355487788.html






  • La ira del astro rey
    Tormenta solar
    La ira del astro rey
    1 comentarios MÓNICA G. ÁLVAREZ
    La tormenta solar afectaría a 13.000 vuelos en todo el mundo, colapsaría la mitad de la red eléctrica en EE UU y dejaría sin luz 20.000 hogares en España.
  • Durante el último año, la Tierra ha sido testigo de cómo el Sol –nuestra estrella más preciada– ha escupido fieros tentáculos de fuego sin dilación. Día tras día, y desde el verano de 2011, hemos podido comprobar cómo tales eyecciones de masa coronal (CME) –onda hecha de radiación y viento solar que se desprende del Sol– podrían acarrear consecuencias altamente peligrosas para la humanidad. Incluso la NASA puso en alerta hace unas semanas sobre el tremendo riesgo que correría la población mundial de sucederse lo que describieron como “la tormenta solar del siglo”. Se espera que 2013 y 2014 sean años complicados por el aumento de los accidentes aéreos y grandes incendios y la la falta de energía y agua.
    Durante una tormenta solar severa, el Sol llega a expulsar 10.000 millones de toneladas de plasma que cruzan el espacio a 2.000 kilómetros por segundo liberando 760.000 veces la producción energética anual a nivel mundial. Tal es su bravura que el campo magnético de la Tierra o magnetosfera se resquebrajaría. Cinco minutos después de esta violenta fulguración nuestro planeta comenzaría a sentir sus efectos.
    Si nos basamos en datos aportados por entidades oficiales, podemos afirmar que viajar en avión conllevaría un alto riesgo. Hasta 13.000 aparatos en todo el mundo se verían afectados tras la pérdida de comunicación con la torre de control. El 1% de estos vuelos sufriría un gran riesgo de siniestralidad y se multiplicarían los protocolos para aterrizajes de emergencia. Las rutas polares se cancelarían por la excesiva radiación solar, sobre todo, los vuelos a Asia y Canadá. Esta situación también perjudicaría en un 59% las misiones espaciales de la Tierra. Los astronautas se llevarían la peor parte. Recibirían 100 veces más radiación de la que emite una radiografía, los principales síntomas que presentarían serían vómitos y fatiga y podrían sufrir el desarrollo de leucemia o de cualquier otro tipo de cáncer y, lo peor de todo, la muerte.
    Otro grave problema sería la falta de señalización en zonas metropolitanas. En España dejarían de funcionar 300.000 semáforos y los accidentes de tráfico se dispararían. Si en un año ocurren más de 46.000 incidentes por luminosidad, estos podrían darse en unas pocas horas. Los sistemas eléctricos se derrumbarían y 20 millones de hogares españoles terminarían a oscuras durante varios días. “Madrid sería una de las más afectadas”, explica Valentín Martínez Pillet, del Instituto de Astrofísica de Canarias. Si el apagón tecnológico finalmente se da, “esta ciudad no tendría ni luz ni comunicación alguna durante al menos 48 horas”, ratifica el investigador. Además, San Sebastián, Bilbao, París o Londres, por no mencionar Tokio o Toronto, la acompañarían en esta hecatombe. En el caso de EE UU, el 50% de su red eléctrica estaría fuera de juego durante varios meses. A nivel mundial, más de 130 millones de personas se verían perjudicadas y 350 transformadores tendrían riesgo de daño permanente por culpa de un suceso de estas características. Industrias, refinerías y plantas químicas carecerían de energía. Estas últimas deberían contar con reservas diésel para tres meses y no para uno como hasta ahora.
    Otro punto negro serían los ascensores. En España contamos con un total de 780.000, por lo que la falta de electricidad paralizaría su mecanismo complicando las evacuaciones y dejando a miles de personas atrapadas. Si en un solo año se registran 4.600 accidentes, esta cifra podría darse durante los primeros 15 minutos de una CME.
    Efectos del apagón tecnológico
    Entre los sistemas más deteriorados estarían los de comunicación. Radares, ordenadores, radios y televisiones caerían en cadena. Los satélites y GPS serían incapaces de proporcionarnos información adecuada. Su precisión y margen de error aumentaría de 10 a 100 metros, por lo que barcos y aviones no podrían calcular ni distancias ni corregir su rumbo. Los 56 millones de teléfonos móviles y las más de 11 millones de líneas de Internet que tenemos en nuestro país se bloquearían. La población se vería aislada, sin información y presa del pánico.
    Como ya ocurrió en 1859, se desencadenarían grandes incendios eléctricos simultáneos, por no hablar del suministro de agua. El sistema de bombeo dejaría de funcionar más allá del nivel del suelo. Las 10.300 estaciones de servicio españolas no podrían suministrar combustible del mismo modo haciendo inviable repostar. Coger el metro en Barcelona, Bilbao o Madrid sería imposible por el alto riesgo de accidentalidad. Hasta 88.000 siniestros anuales se producen en estas tres ciudades si sumamos los datos generales, cifra que podría registrarse en las primeras 24 horas de apagón. Los cajeros automáticos fallarían, así como las bases de datos bancarias, haciendo improbable la utilización del dinero. Llegados a este punto, poco importaría ya la situación de la Bolsa. Quedaría inhabilitada.
    Cabe señalar que en 1989 seis millones de habitantes de Quebec (Canadá) ya estuvieron sin electricidad debido a una tormenta geomagnética de menor intensidad que la de 1859. Fueron nueve horas a oscuras. El impacto económico fue de dos billones de dólares canadienses.
    Informes oficiales apuntan a que tras cinco días de colapso se viviría un auténtico Armageddon y la población mundial comenzaría a sufrirlo en sus propias carnes. Las llamaradas solares afectarían al sistema nervioso central y a toda actividad cerebral. En otras palabras, padeceríamos temblores, nervios, ansiedad, mareos, inestabilidad, agotamiento, irritabilidad, problemas de memoria a corto plazo, náuseas, dolores de cabeza prolongados y palpitaciones cardiacas.
    Según el proyecto europeo Spacecast –financiado por el VII Programa Marco de la Unión Europea, donde colabora, entre otras instituciones, la Universidad de Barcelona (UB)–, las pérdidas económicas en los sistemas de telecomunicaciones por satélite ascenderían a 22.860 millones de euros. “Ese número es una estimación de lo que costaría en la actualidad una supertormenta como la de Carrington de 1859, y es un caso extremo, a mi entender, de lo que nos podemos encontrar por nuestra dependencia tecnológica”, explica en exclusiva para ÉPOCA Blai Sanahuja, catedrático del Departamento de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Barcelona que participa en el proyecto Spacecast.
    Ya sucedió una vez
    La tormenta magnética solar más potente registrada en el globo terráqueo fue en el año 1859. Los científicos de la época la bautizaron como Carrington y las consecuencias más desastrosas se redujeron al antiguo sistema de telégrafo de Europa y América del Norte. Aquellos cables sufrieron cortes y cortocircuitos que derivaron en trágicos incendios. Durante aquel mes de agosto, ciudadanos de Roma, Madrid, Baleares, La Habana o las islas Hawái ratificaron que multitud de auroras boreales e intensas cortinas de luz se habían alojado en los aledaños de sus urbes.
    Sin embargo, si Carrington no tuvo consecuencias si cabe más devastadoras, fue gracias a que nuestra civilización tecnológica aún no había despegado y, por tanto, no dependíamos de ella hasta límites insospechados. A día de hoy, cuando todo gira en torno a estos sistemas, los resultados pueden resultar catastróficos. Entre octubre y noviembre de 2003, solo Estados Unidos valoró en 640 millones de dólares las pérdidas procedentes de las tan temidas tormentas magnéticas, que dejaron inservibles 47 de sus satélites.
    Algunos expertos creen que las tormentas solares podrían golpear la magnetosfera con tal fuerza como para voltear los polos magnéticos de la Tierra y reducir a un tercio la capa de ozono. Si esto llegara a ocurrir, el volcán de Yellowstone, por ejemplo, estallaría con la fuerza de 10 bombas atómicas y dejaría la superficie de Estados Unidos cubierta de ceniza y con una luz solar que afectaría seriamente al crecimiento de las plantas. La cadena alimenticia acabaría por alterarse.
    Velocidad máxima
    Cuando hablamos de eyecciones solares nos referimos a enormes nubes de plasma solar que viajan en el espacio a gran velocidad pudiendo alcanzar los 5 millones de kilómetros por hora. La potencia de estas llamaradas emitidas por el Sol está relacionada con la cantidad de energía que emite. Pensemos por un momento que su núcleo libera una fuerza de 10.000 millones de bombas de hidrógeno durante el proceso. De este hervidero de 27 millones de grados Fahrenheit resulta un plasma esferoidal seis veces más denso que el oro. De ahí proviene su clasificación en cuatro tipos diferentes. Las X serían las más poderosas; M, de resistencia media, que sí pueden afectar a los astronautas y a nuestros sistemas de comunicación; y B y C, las más débiles, que no son capaces de producir consecuencias en la Tierra. Este sistema de clasificación es similar al de la escala de Richter usado con los terremotos. La categoría X es 10 veces mayor que M y 100 veces superior a C.
    El exceso de actividad que estamos viendo en el Sol durante el último año tiene una explicación científica: el llamado ciclo solar. Los astrónomos destacan que la actividad del Sol también es cíclica y que cada 11 años alcanza su punto máximo. Durante ese tiempo el astro alterna etapas de relativa tranquilidad con otras de gran actividad. De ahí que la NASA apunte a que 2011, 2012, 2013 y 2014 correspondan a las fases solares más inquietas tras varias de reposo. Al fin y al cabo, el Sol se comporta como si fuera un gigantesco imán y los científicos creen que su campo magnético es el que controlaría la energía que escapa de su superficie.
    Medidas preventivas
    Tras el extraño llamamiento que hizo el Congreso de Estados Unidos a sus ciudadanos convidándolos a desarrollar un plan de emergencia de cara a una posible catástrofe por tormenta solar, son muchos los países –como España, Alemania, Francia o Reino Unido– que se han interesado en conocer los distintos protocolos de seguridad. En nuestro país, la Asociación Española de Protección Civil para los Eventos Climáticos Severos presentó 10 sencillas recomendaciones en 2011. Entre ellas nos hablan de cómo elaborar un plan de reagrupación familiar para saber a dónde acudir en caso de que la tormenta se produzca; emplazan a que contemos con una reserva de agua mineral, medios de potabilización, alimentos y sacos de dormir; además de ampliar nuestro botiquín incorporando cosas como algún antidiarreico y suero oral, medios de desinfección o algún repelente efectivo de mosquitos y otros insectos. También deberíamos llevar un manual con técnicas básicas de orientación y acampada, así como pequeñas herramientas e instrumentos útiles –desde medios de encendido a una simple linterna, un sencillo transistor, un cargador de pilas solar–.
    Según este documento, tenemos un 5% de posibilidades de que una quimera de estas características brote en los próximos meses perjudicando nuestra vida de forma tan drástica. No obstante, aunque fuese altamente improbable que la Tierra se quede a oscuras, incomunicada y casi como en la Edad Media, lo cierto es que los hechos hablan por sí solos. Así que mejor estar preparados, ¿no? Recreación de una explosión solar sobre la Tierra.


FUENTE:http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/ira-astro-rey-20121215

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